Noches de ventanas entreabiertas para recibir un atisbo de primavera. Bajo la luz de una vela escribo mis memorias y confidencias. Mas, si algún día llegasen a ser reveladas, sería cuestión de segundos que el mundo se informase de esta recóndita historia aun por escribir. Y si eso llegara a pasar, no me cabe duda de que muchos de ellos aguardarían impacientes ante la segunda parte.
Dicen que es preciso partir para volver a encontrar el camino. Y que una vez en él, debemos recorrer los raíles hasta el final. También hay quien sabe con certeza que todo corre el riesgo de ser efímero e inestable. Y es por eso por lo que valoran cuanto poseen y lo aprovechan al máximo. Porque contemplan la posibilidad de que ya no esté en sus manos al día siguiente. Y para aquellos desamparados con un fragmentado corazón y el alma abandonada, soñadores ambulantes que divagan en esta misma noche en busca de alguna esperanza, mirad al cielo. Todos. Enamorados y desdeñados. Aquellos que conservan la vitalidad y aquellos que se la dejaron por el camino. También, los cazadores de sonrisas, y aquellos a los que se la robaron. Mirad. Mirad al cielo. Contemplad su inmensidad. Porque el universo es infinito. Nadie lo ha comprobado, pero lo sabemos con certeza. El amor es parecido.


